
Os dejo con la última reseña del curso de crítica literaria que termino el próximo jueves. Debíamos elegir una novedad editorial y aplicar todo lo aprendido. Gracia, mi amiga y bibliotecaria, me recomendó hace un tiempo La delicadeza del autor francés David Foenkinos y, como por fin le dieron un respiro (ha estado fuera desde que lo compraron), me decidí por él.
Gran acierto.
La novela es estupenda, me ha gustado muchísimo y he anotado varios fragmentos en mi libreta literaria porque son, sinceramente, enternecedores. Pero para saber más de esta maravilla, os dejo con mi reseña.
A ver si alguien se acerca a ella :)
Lo delicado es vivir
La delicadeza, David Foenkinos. Seix Barral, Madrid, 2011.
Nathalie tiene una vida perfecta: un marido al que ama y que la hace sentirse segura, un trabajo estable y la promesa de un futuro lleno de felicidad por delante. Solo que la perfección no es más que un mito, lo obtenido fácilmente en la vida se puede evaporar igual de deprisa y un domingo cualquiera, como los demás, el motor de su mundo deja de funcionar. François, su marido, muere en un accidente y Nathalie pierde la brújula de su existencia. El suyo, es un trayecto lento y lleno de sutilezas hacia la superación del duelo y el comienzo de una nueva vida en la que, primeramente, debe redescubrirse a sí misma.
Con un argumento tan triste, La delicadeza podría haber estado abocada a una melancolía difícilmente digerible de no haber sido escrita por un autor con la sensibilidad y el refinado sentido del humor de Foenkinos. Así, nos hallamos ante una novela que hace honor a su título en múltiples niveles y, uno de ellos es en la presentación de la trama. La viudedad y el vacío existencial que conlleva en muchos casos son tratados con una sutileza y una cercanía que convierten la novela en una lectura perdurable en la memoria. Lingüísticamente, es un texto delicado que juega con referencias culturales que acompañan al desarrollo de la trama central y está lleno de pequeñas reflexiones que apelan directamente a la sensibilidad del lector. El narrador, conocedor de todos los vericuetos del alma de los personajes, hace uso de estas reflexiones y anécdotas para recordarnos que el mundo no se acota a la historia que nos está contando, sino que es necesario recordar que una muerte, aunque trastoque las vidas de varias personas, no deja de ser una nimiedad en comparación con la inmensidad que nos rodea. Le interesa la pérdida, pero sobre todo el proceso de descubrimiento personal que ésta nos provoca, la catarsis que el ser humano experimenta cuando la seguridad desparece de su rutina. En el caso de Nathalie, ese proceso de autodescubrimiento se produce a partir de su reconocimiento en un igual. Muchas personas de su entorno intentan ayudarla, pero no es hasta que encuentra un alma igual de delicada que la suya, cuando se desancla del pasado y vuelve a vivir.
Y es en este nivel en el que el título de la novela también funciona perfectamente: La delicadeza describe la situación de Nathalie y lo que necesita para salir de ella. Los personajes se dividen según este parámetro de sensibilidad y frente a aquellos delicados, como Nathalie y Markus (un compañero de trabajo acostumbrado a vivir en el anonimato más absoluto), encontramos los «faltos de tacto» o insensibles: Charles, el jefe obsesivo de Nathalie, o Chlöe, la compañera más interesada en el cotilleo que en conocer a la auténtica persona.
Pero no todo es sensibilidad desmedida. Foenkinos deja espacio también para el uso de un humor sutil con el que descarga el exceso emotivo y da una tregua a sus personajes y al lector. La división en pequeños epígrafes en que se estructura la novela también ayuda a agilizar el texto y llevarlo más allá del mero relato sentimental. Y lo consigue, porque cuando la novela termina, cuando el preciso epígrafe final nos deja entrever el futuro de la protagonista, la exquisitez que acabamos de degustar nos hace olvidarnos de esas primeras noches de insomnio y dolor desmedido.
Aunque no estamos a finales de año, no podía dejar de comentar lo llenas de sabiduría que están dos pelis como Destino oculto y Sin identidad. Las dos de intriga y abandonos en hospitales (lo entenderéis cuando veáis las pelis), me enseñaron un par de cosas que hay que tener en cuenta para sobrevivir en la sociedad de hoy:
1- No te fíes de la gente con sombrero. Si algún familiar/amigo empieza a llevarlos, por mucho que te diga que se le hielan las orejas o que le da corte enseñar la calva quítaselo de golpe y pisotéalo con aire consternado (esto último no es necesario pero puestos a que te crean loc@, más vale hacer el numerito completo). (Destino oculto)
2- A la hora de alcanzar una farola, vale todo, como en el amor y en la guerra. (Destino oculto)
3- No seamos cabezotas: si cada vez que conduces un taxi acabas teniendo un accidente, la solución es obvia: ¡no te hagas taxista! (Sin identidad)
4- Si te cae un cacho de viga encima en Alemania, sobrevives fijo. (Sin identidad)
5- El frío seca el pelo y la ropa en microsegundos. (Sin identidad)
Sin identidad es un pozo más profundo de sabiduría, claro que el director es español y ya se sabe lo dados a filosofar que somos los españoles (:P).
En conclusión, dos pelis muy entretenidas para pasar un buen rato de distracción y, de paso, aprender chorradas por un tubo.

En esta ocasión tenía que centrarme en el estilo narrativo, narrador, ambientación, etc. de ahí que no haya podido hablar casi nada de los personajes, las subtramas, la crítica social... vamos, todo lo que más me gusta de esta novela que me trae loca desde que tenía 14 años.
Os dejo con el resultado:
Orgullo y prejuicio, Jane Austen (1813). Edición reseñada: De Bolsillo, Barcelona, 2000.
«Es una verdad reconocida por todo el mundo que un soltero dueño de una gran fortuna siente un día u otro la necesidad de una mujer.» Con esta sentencia, inspirada en el discurso filosófico de Adam Smith, Jane Austen comienza una de sus novelas más logradas y la más versionada y adaptada de todas. Orgullo y prejuicio no es meramente una novela romántica como su argumento pudiera hacernos creer. Elizabeth Bennet es la segunda hija de una familia de la pequeña burguesía rural inglesa a principios del siglo XIX. Ella y sus cuatro hermanas llevan una vida relativamente fácil gracias a las rentas que producen las tierras paternas pero un futuro incierto se cierne sobre ellas: la ley hereditaria de la época no permite a las jóvenes heredar, por lo que todo lo que poseen pasará a manos del pariente varón más próximo. ¿Cómo solucionar tan oscuro porvenir? Mrs. Bennet, la matriarca, lo tiene claro: hay que casar a las niñas lo mejor posible. La llegada de un nuevo soltero al vecindario, Mr. Bingley, acompañado de su mejor amigo Mr. Darcy, parece ser la solución a las plegarias de Mrs. Bennet. Sin embargo, no todo va a ser tan fácil y mientras que Bingley se fija inmediatamente en la mayor de las Bennet, Jane, entre Mr. Darcy y Elizabeth surge una relación de batalla verbal en la que ambos se demuestran sus caracteres diametralmente opuestos y su gran elocuencia. Sus encuentros y desencuentros nos llevan a conocer no sólo sus caracteres, sino las estrictas reglas de la sociedad en que se mueven y sus contradicciones.
Considerada una de las grandes autoras inglesas de todos los tiempos (sus traducciones sólo son superadas por las de William Shakespeare y Charles Dickens), Austen es una autora muy difícil de catalogar dentro de las corrientes literarias de la época. La suya es una literatura de transición que recoge elementos de muchas de las novelas de la época pero que se conforma única e irrepetible por su grandísima maestría lingüística y su sutileza a la hora de subrayar las lacras de un sistema social con el que no está totalmente de acuerdo. El gran tema de Orgullo y prejuicio no es el amor, sino el matrimonio. Sin derecho a heredar, las jóvenes burguesas de la Inglaterra de Austen necesitaban hacer buenos matrimonios que les asegurasen un futuro alejado de penurias. Esto suponía, en la práctica, la existencia de un gran número de matrimonios de interés en los que los cónyuges nunca se satisfacían mutuamente. ¿Debían entonces las jóvenes atender únicamente los mandatos de su corazón y casarse por amor? Tampoco esta es la solución que propone Austen, en especial si ese amor no está respaldado por cierta prosperidad económica. La solución está en el término medio: encontrar un hombre con una situación económica estable y, a la vez, íntegro y bueno al que poder respetar.
Ésa es la misión de Elizabeth Bennet, una joven demasiado inteligente y sensata como para comprometerse en un matrimonio que sabe que no la hará feliz. Ella es la protagonista absoluta de la novela. Partiendo de la universalización que citábamos anteriormente, Austen realiza un proceso de focalización hasta la figura de nuestra heroína que va a centrar, no sólo la acción narrativa, sino la voz del narrador. De esta forma, todo lo conocemos a través de un narrador que, si bien tiene alguna traza de omnisciencia, interpreta el mundo desde la perspectiva de Elizabeth. La coherencia de esta voz narrativa es tal que el narrador nunca se aleja demasiado físicamente de Elizabeth y, en las escasas ocasiones en que se adentra en la psiquis de otros personajes, éstos se encuentran próximos a la heroína.
Austen domina a la perfección esta técnica y emplea con gran acierto el estilo indirecto libre para dejarnos penetrar en la mente de sus personajes sin mediatizar sus pensamientos. Su estilo narrativo es sutil y cargado de ironía, de una riqueza lingüística que permite interpretar más allá de lo que atisbamos en una primera lectura. Nuestra autora es muy cuidadosa: elije las palabras exactas en cada ocasión y otorga a sus personajes una psicología compleja y diferenciada que nos permite reconocerlos en sus intervenciones como seres llenos de vida, no planos. Su maestría lingüística se extiende a todos los aspectos de la novela y las descripciones, la ambientación evocadora de una vida rural llena de pequeños placeres, nos permiten soñar con una época en la que los grandes romances son posibles.
Eso sí, aviso para navegantes (en especial para lectores de novela romántica contemporánea que crean hallarse ante la primera obra de este género), como mujer de su época Austen es muy comedida, el contacto físico entre los amantes en su sociedad se reducía a un leve roce de manos en los bailes y los sentimientos se demostraban con la prudencia que reclama un corazón vulnerable que no sabe si será rechazado. Por todo ello, quien busque una novela romántica al uso que descarte Orgullo y prejuicio. O, mejor, que la pruebe. Unos días junto a la perspicaz Elizabeth Bennet servirán para derruir muchos mitos y descubrir la grandeza de una historia bien contada.
Después de los momentos de desconcierto (no podía creérmelo o, si mi mente intentaba creerlo, mi cuerpo estaba demasiado atónito para responder en consonancia al momentazo), una alegría desbordante. Llevo toda la vida soñando con que la gente pueda leer lo que escribo, con verme publicada y ¡por fin! ese sueño se va a hacer realidad.
Porque el premio consiste en eso, justamente, en la publicación del relato junto a los otro cuatro seleccionados en un volumen que aparecerá en las librerías a principios de diciembre.
Sigo en una nubecilla, a ratos se me olvida y cuando vuelvo a recordarlo me entra la risa tonta... ¡qué genial!
Desde aquí quiero dar la enhorabuena a las otras cuatro autoras premiadas y muchas, muchas gracias al jurado del premio por considerar mi relato merecedor de aparecer en letras impresas.
Os dejo el enlace de la web de La Máquina China y el booktrailer de Un cuento de hadas:
http://www.lamaquinachina.com/noticias/?noticiasId=fb86dc8ed5f67000d11995dc796d01ad

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Decisiones arriesgadas, Mar Carrión, ed. Terciopelo, Barcelona, 2010. 365 páginas. 17 €.
La novela romántica de sello español está experimentando un notable auge en los últimos años. Terciopelo, como editorial especializada en este tipo de literatura, nos ofrece la segunda novela de la albaceteña Mar Carrión, ganadora del III Premio Terciopelo. En esta nueva novela, Carrión abandona el subgénero contemporáneo para adentrarse en el suspense romántico. Con resonancias a autoras angloparlantes consagradas en esta temática como Linda Howard o Karen Rose, Decisiones arriesgadas relata el desarrollo una investigación criminal en la que se entreteje una historia de amor, en un primer momento, abocada al desastre.
Nos encontramos en Pittsburgh, Pensilvania. Megan Lewis es una periodista, especializada en criminología, que se topa con el misterio en su propio vecindario: su vecina aparece asesinada y ella es quien descubre su cadáver. Encontrar al asesino se convierte en su primer objetivo, pero no lo tiene nada fácil: Derek Taylor, el policía encargado de la investigación, es muy poco amigo de periodistas entrometidos e intenta por todos los medios que Megan se aleje de la investigación. Esta trama, en principio sencilla y centrada en la evolución de los personajes más que en la investigación criminal, se enreda cuando las pesquisas conducen a los protagonistas hacia un posible negocio de proxenetismo encubierto. Es entonces cuando los hechos se precipitan y ambas tramas, la romántica y la policial, fluyen sin interrupciones hasta su desenlace.
Novela de personajes, el mayor logro de la autora es la consistencia y autenticidad de que gozan los protagonistas. Se nota que Megan y Derek han sido creados con mimo y su historia de amor cobra más importancia que la policial en el desarrollo de la trama. Dueña de un léxico muy rico que no siempre se acostumbra a ver en este tipo de novelas, Mar Carrión humaniza a sus personajes ofreciéndonos un amplísimo abanico de pequeños detalles que convierten la lectura en una experiencia plenamente sensorial. Atiende a todos los sentidos, facilitando así la inmersión del lector en las situaciones que describe y, sobre todo, en los personajes que maneja. Como consecuencia, consigue, dentro de los parámetros idealistas que suelen aquejar a este género, crear un mundo creíble y poblado de una serie de personajes que pueden pasar por personas reales. Derek y Megan no son perfectos y sus debilidades y problemas no resueltos los acercan al lector que puede, en algún momento dado, llegar a identificarse con ellos. En este sentido, es importante destacar la importancia que adquieren temas como la familia, la amistad y los límites de la intimidad cuando intentamos establecer relaciones afectivas.
Por todo lo mencionado, Decisiones arriesgadas no es una obra indicada para los lectores de novela policíaca que buscan principalmente una investigación trepidante que se enrede en sí misma hasta el sorprendente final. Si bien la autora conoce las reglas del suspense y su historia da algún que otro requiebro inesperado, se recrea en la historia romántica así como en la descripción del mundo que ha creado para sus protagonistas, por lo que el tipo de lectores del que hablamos puede sentirse defraudado. Sin embargo, los habituales del género romántico pueden adentrarse sin miedo en el Pittsburgh de Mar Carrión: se encontrarán con una historia muy bien narrada, que satisfará sus expectativas y que les dejará un buen sabor de boca.
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A esto sólo me falta añadir que actualmente estoy leyendo la última novela de Mar (Senderos) y estoy disfrutando igual o más que con Decisiones arriesgadas. Es un placer haberte encontrado, Mar!!!
