La delicadeza, qué gozada de libro

martes, 18 de octubre de 2011


Os dejo con la última reseña del curso de crítica literaria que termino el próximo jueves. Debíamos elegir una novedad editorial y aplicar todo lo aprendido. Gracia, mi amiga y bibliotecaria, me recomendó hace un tiempo La delicadeza del autor francés David Foenkinos y, como por fin le dieron un respiro (ha estado fuera desde que lo compraron), me decidí por él.



Gran acierto.



La novela es estupenda, me ha gustado muchísimo y he anotado varios fragmentos en mi libreta literaria porque son, sinceramente, enternecedores. Pero para saber más de esta maravilla, os dejo con mi reseña.



A ver si alguien se acerca a ella :)

Lo delicado es vivir
La delicadeza, David Foenkinos. Seix Barral, Madrid, 2011.

Nathalie tiene una vida perfecta: un marido al que ama y que la hace sentirse segura, un trabajo estable y la promesa de un futuro lleno de felicidad por delante. Solo que la perfección no es más que un mito, lo obtenido fácilmente en la vida se puede evaporar igual de deprisa y un domingo cualquiera, como los demás, el motor de su mundo deja de funcionar. François, su marido, muere en un accidente y Nathalie pierde la brújula de su existencia. El suyo, es un trayecto lento y lleno de sutilezas hacia la superación del duelo y el comienzo de una nueva vida en la que, primeramente, debe redescubrirse a sí misma.
Con un argumento tan triste, La delicadeza podría haber estado abocada a una melancolía difícilmente digerible de no haber sido escrita por un autor con la sensibilidad y el refinado sentido del humor de Foenkinos. Así, nos hallamos ante una novela que hace honor a su título en múltiples niveles y, uno de ellos es en la presentación de la trama. La viudedad y el vacío existencial que conlleva en muchos casos son tratados con una sutileza y una cercanía que convierten la novela en una lectura perdurable en la memoria. Lingüísticamente, es un texto delicado que juega con referencias culturales que acompañan al desarrollo de la trama central y está lleno de pequeñas reflexiones que apelan directamente a la sensibilidad del lector. El narrador, conocedor de todos los vericuetos del alma de los personajes, hace uso de estas reflexiones y anécdotas para recordarnos que el mundo no se acota a la historia que nos está contando, sino que es necesario recordar que una muerte, aunque trastoque las vidas de varias personas, no deja de ser una nimiedad en comparación con la inmensidad que nos rodea. Le interesa la pérdida, pero sobre todo el proceso de descubrimiento personal que ésta nos provoca, la catarsis que el ser humano experimenta cuando la seguridad desparece de su rutina. En el caso de Nathalie, ese proceso de autodescubrimiento se produce a partir de su reconocimiento en un igual. Muchas personas de su entorno intentan ayudarla, pero no es hasta que encuentra un alma igual de delicada que la suya, cuando se desancla del pasado y vuelve a vivir.
Y es en este nivel en el que el título de la novela también funciona perfectamente: La delicadeza describe la situación de Nathalie y lo que necesita para salir de ella. Los personajes se dividen según este parámetro de sensibilidad y frente a aquellos delicados, como Nathalie y Markus (un compañero de trabajo acostumbrado a vivir en el anonimato más absoluto), encontramos los «faltos de tacto» o insensibles: Charles, el jefe obsesivo de Nathalie, o Chlöe, la compañera más interesada en el cotilleo que en conocer a la auténtica persona.
Pero no todo es sensibilidad desmedida. Foenkinos deja espacio también para el uso de un humor sutil con el que descarga el exceso emotivo y da una tregua a sus personajes y al lector. La división en pequeños epígrafes en que se estructura la novela también ayuda a agilizar el texto y llevarlo más allá del mero relato sentimental. Y lo consigue, porque cuando la novela termina, cuando el preciso epígrafe final nos deja entrever el futuro de la protagonista, la exquisitez que acabamos de degustar nos hace olvidarnos de esas primeras noches de insomnio y dolor desmedido.



2 comentarios:

Elena Moraira dijo...

¡¡Cada vez nos queda menos!!¡¡Supongo que estarás tan emocionada como yo, casi no aguanto las ganas!! :)

AnaCremades dijo...

Sí, ya no queda nada :)
Creo que hasta que no lo tenga encima no voy a creérmelo del todo :p