¡A adaptar se ha dicho!

domingo, 9 de diciembre de 2012
No es un secreto a voces que soy una rata de biblioteca con zapatos hechos de rollos de películas. En pocas palabras, si de repente el mundo involucionara y los libros y el cine dejaran de existir, no dejaría piedra sobre piedra hasta volveros a inventar.
Con estos antecedentes, no es de extrañar que en mi dilatada carrera de lectora de fondo y cansina cinéfila de pro me haya topado con una inabarcable retahíla de películas basadas en libros y, lo que suele ser más inquietante, libros que se han escrito a partir del éxito de una determinada película.
Resulta extremadamente difícil ser categórico sobre qué es mejor: un buen libro o una buena película. Son formatos muy distintos que apelan a nuestra sensibilidad de una manera diferente y que, entre sus herramientas, cuentan con recursos totalmente dispares para llegarnos al corazón. Por lo tanto, no puedo decir "me gustan más los libros que las películas en las que se basan" porque no estaría siendo sincera. Si bien es cierto que una película acaba con la libertad que otorga una novela para que el lector recree a su manera el mundo que le presenta el autor, también es verdad que hay películas que saben sacarle más juego a una historia que la que su propio creador le sacó. Una película basada en un libro no deja de ser la visión subjetiva de un director sobre una historia y depende de que nuestra subjetividad se asemeje a la del realizador para que la peli nos guste tanto o más que la novela.
Dicho todo esto, os dejo una pequeña lista de pelis que han adaptado novelas (cinco para empezar está bastante bien, ¿verdad?) y que, desde mi humilde punto de vista, merecen tanto la pena, sino más, que sus hermanos de tinta y papel.
¡Veamos si coincidimos!

1. Orgullo y prejuicio, Jane Austen (1813); Joe Wright (2005).




Mil adaptaciones, lo sé, Austen tiene varias publicaciones mensuales consagradas únicamente a su obra literaria así que no es de extrañar que el séptimo arte también haya bebido constantemente de sus historias de época. ¿Por qué entre todas me quedo con la del inglés Joe Wright? Porque es fidelísima a la novela de mi querida Jane (hasta el punto de acabar tal y como Jane lo haría y, dada la falta de sutileza del público norteamericano, verse abocado a grabar un segundo final más explícito para contentarlos); porque la banda sonora de Dario Marianelli es como para ponerle un marco y sé que estará presente el día que se me vaya tanto la pinza como para caminar hacia el altar; porque no puedo imaginar a ningún otro señor Bennet que no sea el genial Donald Sutherland; porque su lectura de Mr. Darcy como un joven algo menos petulante que el original y un tanto más tímido y retraído es, sencillamente, enternecedora.


2. Mucho ruido y pocas nueces, William Shakespeare (1598-99); Kenneth Branagh (1993).

 
 
Otro gran clásico, esta vez homenajeado por un director y actor británico por cuyas venas corren los versos blancos del genial dramaturgo inglés. Mucho ruido y pocas nueces es una comedia divertidísima, de diálogos chispeantes, inteligentes y cargados de juegos dialécticos que sólo el más grande dominaba a la perfección y Branagh lo reverenció con una película que conserva su espíritu y, encima, nos regala unas interpretaciones impresionantes (fijaos si no en el propio Kenneth y la dulce Emma Thompson) y una banda sonora (sí otra vez estoy con la musiquita) que es preciosa y muy característica.
No puedo evitarlo, Shakespeare siempre ha sido una de mis debilidades y ésta la comedia que más me gusta de las muchas que escribió.



3. La guerra de los mundos, H. G. Wells (1898) ; Steven Spielberg (2005).



 
Otro autor británico (ahora entiendo cuando en casa me dicen eso de "ya le salió la vena filóloga"), esta vez versionado por el Midas de Hollywood. Que conste que no soy la fan número uno de Tom Cruise (deberé andar la que hace cinco o seis por la cola), pero en esta película está todo lo contenido y mal encarado que su personaje le pedía a gritos. La obra de Wells es muy inquietante (y bastante genial, para qué engañarnos) y Spielberg logra a la perfección trasladar esa inquietud, ese pavor tan instintivo que despierta en nosotros enfrentarnos a lo desconocido (que encima viene con ansias de destrucción) al presente y, no sé si con vosotros lo logró, pero a mí me tuvo en tensión todo el metraje. Mientras veía la película, no podía dejar de pensar que, si algo así llegar a ocurrir, el pánico nos convertiría en los mismos seres irracionales que se matan por un coche en el film, los mismos que con tal de sobrevivir son capaces de los peores crímenes. Mención especial merece Tim Robbins y su interpretación del desquiciado superviviente.


4. Matar a un ruiseñor, Harper Lee (1960); Robert Mulligan (1962).


 
 
"¡Menuda obviedad!", estaréis pensando. Pues sí. Supongo que este clásico es tan incontestable que resulta redundante incluirlo en una lista, casi casi como si intentara convenceros de algo que, de obvio, cuestiona vuestra inteligencia porque... ¿acaso Gregory Perk no está increíble?, ¿acaso alguien que se haya acercado a esta conmovedora historia ha podido olvidarla? Tanto la novela, como la película forman un tándem perfecto para presentarnos una historia sobre los prejuicios y la educación moral y civil que les damos a los más pequeños que enternece al más pintado. Atticus es uno de esos personajes que nos gustaría que fuera real.

 

5. El paciente inglés, Michael Ondaatje (1992); Anthony Minghella (1996).



 
Acabo esta tanda con una novela lírica e intimista que se convirtió en la gran vencedora de la edición de 69 de los  Oscars (y más que deberían haberle dado, en especial en el plano interpretativo, claro que el pobre Fiennes competía con un insuperable Geoffrey Rush en Shine, así que...). Tanto la película como la novela son un canto al amor verdadero y a la esperanza por encima de lo que socialmente está o no aceptado. Juliette Binoche, guapísima, jovencísima y muy emotiva sí consiguió el Oscar por su papel de esa enfermera entregada y llena de vida que se niega a abandonar a un paciente ya sentenciado que resulta no ser todo lo inocente e indefenso que su actual estado muestra. Si a eso unimos una de las historias de amor de final más trágico que he visto... la emoción está asegurada.
La novela, para aquellos que no la hayáis leído, es profundamente poética, con pasajes quizá demasiado descriptivos y que merecen ser paladeados con tranquilidad, mientras que en la película ese exceso de lirismo es sustituido por una fotografía formidable y un gusto por el detalle que la convierte en la delicia que es.
 
 
Hasta aquí lo que se daba. ¿Compartimos gustos? ¿Estas parejas culturales os dejaron huella? Dentro de poco os dejaré otra tanda (porque entre otros muchos, he tenido que dejar fuera un buen número de autores ingleses ¡ay, el siglo XIX en Inglaterra qué prolífero en "bichitos" fue y cuánto ha entusiasmado a los directores del siglo XX!) así que, como dijo cierto ciborg (también cinematográfico): ¡volveré!

2 comentarios:

Laura López Lamiel dijo...

¡Hola Ana! Me ha encantado la entrada :)Una de las adaptaciones que más me han gustado es la versión de Jane Eyre de 2006 con Ruth Wilson y Toby Stephens. Pero esta versión fue llevada a la tv y no a la gran pantalla. Es que la BBC cuando adapta clásicos literarios es la mejor :) Felicidades por la entrada :)

AnaCremades dijo...

¡Gracias, Laura!
La versión de Jane Eyre que dices no la he visto, pero recuerdo que me la reocmendaste en Facebook y la tengo pendiente. La que he visto más recientemente fue la de Fassbender que hay que ver cómo está ese chico de Mr. Rochester (¿quizá demasiado guapo?).
Tienes toda la razón, la BBC es la número uno en esto de adaptaciones cinematográficas, sobre todo para aquellos que disfrutamos tanto de la novela inglesa :)