Buenas noches, amigos lectores.
¿Cómo van las lecturas estos primeros días de verdadero
frío? Yo estoy teniendo un otoño muy productivo a nivel de estudios (me hallo
inmersa en varios cursos superinteresantes a la par que exigentes y por eso no
puedo reseñar tanto como querría) y también he tenido la oportunidad de leer
algún que otro libro que bien merece unas líneas.
Como el que hoy os traigo. Se trata de una nueva
colaboración con la editorial Hermida Editores que, en esta ocasión, me
brindaron su edición de La casa en los confines de la Tierra del inglés
William Hope Hodgson, considerado por crítica y público como padre de la novela
de terror y ciencia ficción modernas e inspiración para autores tan
emblemáticos del género como H. P. Lovecraft.
Datos técnicos:
La casa en los confines de la Tierra, William Hope Hodgson
Traducción: José Luis Piquero
Ilustraciones: Sebastián Cabrol
Hermida Editores, 2015
220 páginas
PVP: 19,90€
Argumento:
Mediante el recurso ya conocido de “manuscrito encontrado”
Hope Hodgson nos presenta la historia de un caserón perdido en una recóndita
área de Irlanda donde lo paranormal y lo puramente fantástico convergen. A
partir de las memorias del morador de dicha hacienda, descubriremos que lo misterioso,
horroroso e incluso lo místico pueden tener lugar tras los muros de una
aparentemente gran casa señorial.
Criaturas espeluznantes, amenazas intuidas, viajes temporales y
espaciales más allá de cualquier lógica se dan cita en esta historia que tiene
más de ciencia ficción que de terror aunque en ella subyace una reflexión que
puede erizar el cuello de más de un lector.
Opinión personal:
No había leído nada de William Hope Hodgson, lo admito. Es
un autor que conocía de oídas, sobre todo por el papel importante que tuvo la
lectura de sus obras en la creación literaria de otros escritores como
Lovecraft. Sin embargo, dado lo oportuno de las fechas (el libro me llegó sobre
Halloween aunque tuve que retrasar la lectura unos días) y dada la preciosidad
de trabajo editorial que han realizado en Hermida Editores, decidí que era el
momento de “catar” a este inglés hiperimaginativo.
La casa en los confines de la Tierra es más una historia
de fantasía, de ciencia ficción, que de terror. Si bien es cierto que algunos
de los detalles que se entrevén en la historia de esta misteriosa casa son
bastante “creepies” o espeluznantes, el valor fundamental de esta obra, y el groso de la narración se lo llevan los
viajes extratemporales/espaciales que realiza involuntariamente el dueño del
caserón a lo largo de su narración diaria.
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Una de las preciosas ilustraciones de Sebastián Cabrol |
Hope Hodgson trabaja perfectamente con la ambientación y la
descripción es una técnica que domina a la perfección de ahí que sus decorados
trasciendan el mero fondo y adquieran una vivacidad e intensidad que son de lo
mejorcito de la novela a nivel estilístico. Sin embargo, la profusión de
detalles en la descripción de ambientes tiende, inevitablemente, a ralentizar la narración de la acción (la cual
tampoco es muy abundante) por lo que esta novela requiere una lectura reposada.
El lector debe estar dispuesto a dejarse llevar por la imaginación y que sus
neuronas sean capaces de recrear los distintos escenarios que Hope Hodgson
describe es fundamental para disfrutar de la experiencia de lectura tal y como
esta obra se merece. Para ayudar a esta recreación ambiental, la presente
edición cuenta con la inestimable colaboración del ilustrador Sebastián Cabrol
que salpimenta la novela con una serie de dibujos preciosos, perfectamente
acordes con la narración y que estimulan de forma muy vívida la imaginación del
lector y su identificación con el protagonista: un hombre solitario aquejado de
mal de amores que de pronto ve cómo su casa es atacada por hombres-cerdo y
empieza a tener una suerte de viajes astrales o interespaciales-temporales
capaces de desubicar al más pintado.

Para concluir, ésta es una novela sobre el bien y el mal, el
cual puede acecharnos en las entrañas mismas de nuestro hogar; una historia
sobre el perspectivismo y cómo moldeamos e interpretamos nuestra realidad a
placer; un recordatorio de que no somos más que marionetas ubicadas en unas
coordenadas espacio-temporales que nada tienen que ver con nosotros ni nuestra
propia esencia.
Es una lectura pausada, detallista, llena de misterio y
algún que otro pasaje desconcertante, atractivamente editada por Hermida
Ediciones y una primera aproximación al trabajo de Hope Hodgson de lo más
aconsejable.