
La película, ambientada en la inglaterra de principios del siglo XX, nos cuenta la tétrica historia de Arthur, un joven abogado viudo (Radcliffe) y sus vericuetos en un pequeño pueblo costero británico por tasar y conseguir vender la mansión de una ricachona que acaba de morir. El problema es que en el pueblo la gente no lo recibe muy cariñosamente (eufemismo) y le piden amablemente que deje las cosas como están y se vuelva a Londres y sus brumas matutinas (doble eufemismo).
No querría revelar más del argumento de la película porque algo que disfruté muchísimo al verla fue las sorpresas que éste depara a lo largo de la hora y media larguita de su metraje.

Me enganchó y me atemorizó a partes iguales. La fotografía y la ambientación están muy muy bien logradas (se nota que las han trabajado con mimo), las interpretaciones, casi todos actores y actrices desconocidos excepto por el nombrado Radcliffe y mi querido Cirián Hinds (al que ya vimos en la última entrega de las aventuras del amigo Potter como el hermano pequeño de Dumbledore), son muy creíbles y, en general, la película es más que correcta.
Además, cuenta con un final sorprendente (como marca el género) y es adaptación de una novela homónima de Susan Hill de la que, en breve pienso disfrutar.
Si queréis pasar un buen mal rato, no os perdáis esta mujer de negro.